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Productores de película sobre mineros de Chile, atrapados en el set

A 30 m bajo tierra se graba, a toda prisa, en los cerros de Chile, ‘Los 33 de San José’, .

El set de ‘Los 33 de San José’ no fue construido a 700 metros, pero sí a en una mina real. Foto: El Mercurio / GD

Santiago. -¿Usted conoce por aquí una mina? -le preguntamos a un campesino que descansaba junto a un gran lienzo, en protesta por las emanaciones tóxicas de la refinería Anglo American.

-¿La mina donde están filmando lo de los 33? Sigan hasta la cancha. Y, cuando vean una cruz, se meten al cerro. Ya llevan varios días ahí.

Das unas vueltas. Ganas altura y pronto das con un cartel que dice ‘Filmación’. Unos metros más allá dos maestros duermen siesta bajo un gran toldo. Varias carpas negras con puntas arábigas, tipo campamento de Aníbal en Persia, desafían el viento. Muy cerca permanece estacionada la Hyundai gris de Felipe Braun, el productor de enlace de este proyecto coordinado por Dínamo de Colombia, más la productora española de Jacobo Bergareche.

Todo para que Antena 3 deleite a su audiencia, hasta hoy fascinada con cuanto pasó en Copiapó, en máximo tres o cuatro semanas más. Normalmente un telefilme se hace en uno o dos años.

Son las dos de la tarde. Y en el interior del socavón están grabando la escena 9.

-¡Acción! -vuelve a gritar Recio-.

Estamos, no sé, a 30 metros de profundidad. No hace calor y sí un poco de frío. El aire apesta. El derrumbe acaba de ocurrir. No se puede salir. Pican los ojos. Por todos lados hay rocas. Y humo.
Arriba, sobre tu cabeza, el cielo no es azul sino gris; en vez de volcanita o madera hay roca caliza. No hay 700 metros. Pero bastan 30 para ajustar el casco cada 30 segundos.

-¿Están todos bien? -pregunta Alejandro Goic, el actor.

Hay reverberación y, cuando Goic -en la película, el líder- pregunta si están todos bien, no se escucha bien sino bien, bien, bien.

Como esto ocurría antes de la salida de los mineros, en ‘Los 33 de San José’, la película, los nombres no eran los reales.

-Vamos, ‘Pesimista’, acción -ordena Recio-.

‘Los 33 de San José’ acaba de ser comprada por dealers judío-argentinos que tendrán los derechos para casi todo el mundo, excepto España, Francia, Colombia y, por cierto, Chile. Aquí, Canal 13 compró los derechos.

-San Lorenzo, patrono de los mineros, prsss, prsss -reza, balbucea, uno de los hombres-.

La mina tiene muchas vueltas. En un rincón están los focos, los cables, la comida; más allá, túneles que asustan. Camino a tientas. Prendo un cigarro y, prum, frente a mis ojos aparece un refugio igual, idéntico al que uno veía en la tele. ¡Es el refugio! No se ven latas de pescado, pero sí están las repisas, viejos papeles.

La película en realidad es sobre 8. Y uno de ellos, el personaje más cercano a Mario Sepúlveda, el minero parlanchín, es interpretado por Rodrigo Gutiérrez. Aparte, conocido, está Eduardo Barril.

Así se gestó

¿Qué pasa aquí? La respuesta la tiene Jacobo Bergareche; el productor, el inventor de la película junto a Andrés Calderón, el motor de la productora Dínamo de Colombia. Todo sucedió muy rápido: en traje de baño, en Santander, junto al mar Cantábrico, Jacobo, un productor de barba bíblica tenía en sus manos ‘El País’ y otros siete diarios, en los que el tema de portada era la noticia de que los mineros habían sido encontrados con vida.

Jacobo recibió una llamada desde Colombia: era el productor de
Dínamo, quien le decía que había que hacer una película. Jacobo respondió que sí, que claro, que en alguna parte del mundo alguien ya la había vendido o estaba pronto a hacerlo. Jacobo cortó. Acto seguido llamó a Antena 3. Preguntó si querían una película de lo que estaba pasando en Chile. Le respondieron que claro, pero ahora. Ya. Después de Navidad la película valdría un huevo.

Mientras en Chile se iniciaba el rescate, la máquina fílmica comenzaba su propia perforación.

Se contactaron con Felipe Braun. Braun lo pensó, lo evaluó y finalmente aceptó. Moira Miller quedó a cargo del casting. Cuatro guionistas empezaron a escribir: Daniel Laguna, Enrique Videla, Ricardo Lamas y el propio Jacobo; todos sabían muchísimo menos de lo que se sabe hoy. Pero daba igual. La película tendría tres temas que la sustentarían: el liderazgo en crisis, el individualismo frente al sentido de grupo y la lucha entre creer y no creer.

En tiempo récord

El contrato indica que la película debe estar lista en diez semanas más. Jacobo no sabe si los mineros van a vivir o morir. Nadie sabe si la mina terminará por colapsar. Y, claro, el riesgo es total: se sabe que no habrá mayor interés si es que los mineros no logran sobrevivir.

Con todo, el verdadero riesgo es uno bien raro. Una vez iniciado el rodaje, en Antena 3 una y otra vez se preguntan si los mineros deben hablar en chileno o deben ser “doblados” al español. Y si los actores deben ser chilenos o españoles.

Las teleseries sudamericanas en España matan, pero sólo hasta la hora de la comida. En el prime, en cambio, hasta el acento andaluz causa rechazo. La gente cambia el canal. No soportan a los extranjeros.

El punto es que el propio director de Antena 3 debe zanjar la discusión: “Si la película la hubieran hecho los vascos, ¿van a poner a mineros vascos en la mina?”, preguntó.

Joder. Nada más que hablar: los chilenos hablarán como chilenos.
El resto estaba decidido hace rato; la historia se centraría en los días previos a que los encontraran con vida. La película debe estar lista en España el 15 de noviembre.

¿Cómo contar una historia que todo el mundo conoce?, es lo que Jacobo y sus hombres se preguntaban. Simple, dijeron en la producción. La respuesta está en bucear en los arquetipos universales. Fijar la historia no en lo que pasó, sino en lo que tiene que haber pasado: la historia de un hombre que conduce a sus compañeros a donde está la vida, el aire, la luz.

En Los 33…, la película, dicen que la verdad da igual, que no es relevante. Dicen incluso que lo que están haciendo ni siquiera es cine sino una película para la tele; bien hecha, en full HD. Y, definitivamente, no es lo que pasó sino una versión personal de la historia. Entre cuento y cuento, quizás la gran historia.

Sergio Paz
El Mercurio (Chile)

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